Bajó las estrechas escaleras seguido de sus amigos. Como cada sábado. El ambiente era cargado y se respiraba un penetrante olor a tabaco. Como cada sábado. El bar estaba medio lleno y la gente se movía al compás del rock que sonaba. Las voces de la muchedumbre ahogaban la música hasta convertirla en un susurro. Jack se sentó en la mesa de siempre, situada en la esquina del local. Sus dos compañeros lo siguieron.
- Cada vez viene menos gente, ¿eh Jacky?-- Le dijo William mientras se sentaba en una silla
- Tal vez deberíamos ir al Schotish Beer, se está poniendo de moda. —Propuso Aron. Jack conocía a sus dos amigos desde la infancia, sabía cuánto les gustaban las mujeres, y en ese local cada vez había menos. Sin embargo quería quedarse en el Black Belt, no podía permitir dejar ese lugar de lado.
- No jodais. Sabéis que en ese puto bar solo ponen música enlatada. — No lo podía permitir.
-¿Qué coño te pasa? Sabes tan bien como nosotros que aquí ya no hay ni la mitad de gente que antes. Esto se hunde Jack, y tú no eres el capitán. –Aron era impulsivo como ningún otro. Últimamente vivía bajo el ideal de disfrutar la vida con prisa e intensidad. Jack nunca había conocido a alguien tan sincero y tan poco escrupuloso a la vez.
-Llevamos más de medio año viniendo aquí ¿tan poco te importa eso?— Se dirigió hacia William, esperaba que él lo apoyara. Sabía que él aún guardaría un poco de valor sentimental por el Black Belt.
-Debes entenderlo Jacky, este sitio va a peor. —William siempre lo llamaba así. Era el tipo de persona que siempre estaba para ayudar. Comprensivo y alegre, era el pequeño centro de ánimo del grupo.
Apenas eran unos críos cuando fueron por primera vez al Black Belt. Jack siempre se acordaría de esa noche. Estaban asustados y olían a miedo. Durante esos 8 meses en los que habían acudido religiosamente cada sábado, ese lugar había visto sus mejores y peores momentos. Allí William probó su primera mujer. Se hicieron sus primeras cicatrices por culpa de la afilada lengua de Aron. Allí fue donde Jack se enfrentó al abismo de estar solo después de cortar con su chica. Había decidido seguir adelante en esa misma mesa, al lado de sus amigos. . Esas historias y más formaban parte de los momentos más intensos de la vida de Jack. El Black Belt había sido siempre el escenario de sus últimos recuerdos, siempre lleno de clientes variopintos. Últimamente solo lucía gente que parecía tan olvidada como el propio local.
-No os entiendo a vosotros. No sé como podéis tener tan poco aprecio a este lugar. ¿Qué le diréis a Tony?—Anthony era el gigante negro, el dueño del Black Belt. Siempre vestido de luto y enorme como la puerta de entrada. Hacia 6 meses que habían empezado a hablar con él cada noche. Aunque siempre hablaban, nunca le habían preguntado por qué iba de luto. En unos minutos llegaría. Steve el camarero abría el bar por él. Jack tenía ganas de ver la enorme sombra de Tony bajando por las escaleras. Tal vez así los chicos recapacitarían.
-¿No te irás por él? No somos nadie para Tony, tan solo unos clientes más.- Sabía que Aron tenía razón. — No pongas excusas.—Jack apoyó el codo en la mesa para poder aguantarse la cabeza. Con los dedos se presionó los ojos, quería que eso acabara.- ¿No me oyes o qué?
-¡Vale!- Jack sacudió con fuerza el aire.- Id al Scotish Beer si tantas ganas tenéis, yo me quedaré aquí para hablar con Tony por última vez. —Notó la mano tranquilizadora de William en su hombro.
-Tranquilo, ¿estás seguro de que no quieres venirte ya?
-No. Quiero hablar con todo pos última vez. Necesito hablar con Tony y Steve. Me podéis dejar solo, no le diré que ahora iremos al Scotish Berr, tranquilos.
-Como quieras, pero te queremos ver con nosotros en el Schotish el próximo sábado—Aron se levantó seguido de William.— ¿Estarás bien?
-Si
-¿Seguro?—Aron siempre se preocupaba por la seguridad de sus dos amigos.
-Seguro.
-Hasta pronto.
Jack vio como sus amigos recorrían el local hasta llegar a las escaleras. Antes de subir Aron se giró, miró a Jack un par de segundos y después reanudó su marcha. Se había quedado solo en la mesa. Observó su alrededor mientras escuchaba los primeros acordes de “Highway to Hell”. No veía a nadie conocido. Bajó la cabeza. El mundo parecía haberse girado en su contra. No volvería a ver esas paredes negras que tantos momentos habían compartido con él. Se sentía traicionado. Solo y traicionado.
-¿Que te pongo?, ¿Una cerveza como siempre?—Steve le sorprendió. Era un chico no muy mayor que Jack, que destacaba por su atractivo. –¿No vendrán hoy Aron y William?
-No, estamos un poco ocupados con los exámenes. Venia para decirle a Tony que no vendremos por un tiempo. — Esperaba que poco a poco se acostumbraran a que no fueran por el Black Belt hasta que se olvidaran de ellos.
-Últimamente Tony está cabizbajo aunque no lo muestre. Pero es fuerte, encontrará la manera de que esto se llene de nuevo. Así volveréis otra vez.—A Jack se le heló la sangre. No entendía como podía saberlo.
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo?—Steve dejó su bandeja en la mesa y se sentó ante Jack.
-Llevamos más de un mes que nos pasa lo mismo. Lo entendemos, sabemos que es cuestión de modas. Yo también soy joven, hubiera hecho lo mismo. — El camarero sonrió y cogió la mano de Jack.—Tranquilo, se lo puedes contar a Tony, es comprensivo y recuerda mejor que nadie como es tener nuestra edad.
-No sabes lo difícil que me resulta despedirme de vosotros.— Jack volvió a apoyar la cabeza en sus manos para taparse los ojos, apartando la mano de Steve. Deseaba que eso no estuviera ocurriendo.
-Siempre te encariñas demasiado con la gente. Me acuerdo el numerito que montaste cuando te dejó esa puta. — Jack levantó la vista inmediatamente.
-Era mi novia Steve, la quería. — Ese comentario le había molestado enormemente. Esa noche lo había pasado muy mal.
-La vida sigue sin ella, igual que seguirá sin nosotros.—Steve hizo la mejor de sus sonrisas. Realmente era atractivo.-- Ahora te traigo una cerveza. Esta invito yo.— Steve se levantó mientras cogía su bandeja
Momentos de reflexión. ¿Cómo podía a Steve importarle tan poco? Jack pensó que estaría acostumbrado, y que evidentemente Aron tenía razón, tan solo era un cliente más para el Black Belt. Él había ubicado allí sus recuerdos, pero para ese lugar solo era uno más.
-Te dejo aquí la cerveza y me voy, que tengo trabajo. --Steve pasó como un rayo y sus palabras sonaron más vacías que nunca. – Espero que hablemos antes de que cerremos.
Jack calló como si no hubiera oído nada. Decepcionado, cogió su cerveza y dio un gran trago. Notó el frescor de la bebida recorriendo su garganta. Estaba acostumbrado al alcohol, necesitaría algo más para abandonar la sobriedad. Empezaron a retumbar por todo el local las primeras notas de bajo de “Hysteria”.
-¡Sara! ¡Cambia esa puta música!—Jack reconoció la voz del gigante negro, como lo había apodado William. — Pon algo más adecuado para mis oídos.—Las primeras notas de “One” empezaron a sonar mientras Tony se acercaba a la mesa de la esquina-- ¡Jack! ¿Dónde diablos se han metido tus colegas? ¿No me digas que ya están echando la pota?—Tony se sentó ante Jack.
-Tenemos que hablar Tony.— Dio otro trago a la cerveza y observó a Tony—Los chicos quieren que al partir de ahora vayamos al Schotish Beer los sábados.—Un escalofrío recorrió la espalda del chico al ver el rostro inmóvil y serio de Tony.
-Sabía que algún día ocurriría. En este oficio todo el mundo viene, y algún día se va. –Tony soltó una gran carcajada para sorpresa de Jack.- ¿Sabes porque voy siempre de luto Jack? – La pregunta sorprendió al chico gratamente.
-No tengo ni idea…
-Hace 2 años, antes de que abriera el bar, murieron mi mujer y mi hija.- Jack quedó perplejo ante la noticia de Tony. El rostro del gigante se tornó casi inexpresivo
-Nunca nos habías contado nada.
-Ese no es el motivo Jack.- Su cara se volvió más seria que nunca bajo su espesa melena rubia. – Voy de luto para no olvidar que el mal siempre está presente, y que cada día puede ocurrir algo que te cambie la vida para siempre, y la verdadera fuerza está en superarlo y seguir adelante.- Jack miraba fijamente a Tony tratando de asimilar la reflexión.- Tal vez eres demasiado joven para comprenderlo.
-Creo que lo he entendido.
-Volveréis algún día, haré que esto vuelva a funcionar. No sabes cómo me reconforta que hayas querido hablar conmigo.- Las palabras del dueño del local dieron ánimos a Jack.
-No podría irme sin más después de todo este tiempo.- Ambos se sonrieron.
-Te daré una cosa.- De la camisa del bolsillo sacó una tarjeta que tiró encima de la mesa.- Éste es mi número de teléfono, por si algún día necesitas el consejo de un amigo que haya vivido la vida. – Jack miró la tarjeta, ponía el nombre completo de Tony, la dirección del Black Belt y un número de teléfono móvil.
-En un mes te llamaré, te contaré como nos va todo, te contaré si puedo convencer a Aron y William para que volvamos. – Volvieron a sonreír mientras el chico se guardaba la tarjeta en el bolsillo del pantalón.
-Esperaré tu llamada Jack.
El chico satisfecho dio el último trago de cerveza del vaso, y al mirar a Tony vió que a sus espaldas había alguien familiar. Una chica, no sabía su nombre. Movía su larga cabellera morena al compás de “Hey Joe”. Había visto a esa chica desde que fue por primera vez al bar.
-Me tengo que ir Tony.-Se levantó súbitamente y ofreció la mano al gigante.
-La última cerveza no se le cobra a un amigo.- Hubiera bromeado diciendo que Steve le había dicho lo mismo, pero necesitaba irse. Se dieron las manos y Jack empezó a andar.
-Te llamaré.
Jack cruzó la sala con la mirada fija en las escaleras. Quería salir de allí en ese mismo instante. Cada paso era una eternidad. De fondo se oía el brillante solo de Jimi Hendrix, pero él estaba demasiado concentrado. El humo era más molesto que nunca y la oscuridad lo entorpecía como no lo había hecho antes. Se sentía débil, tenía ganas de respirar aire fresco. Finalmente llegó a las escaleras y las subió una a una para que Tony no notara como de nervioso estaba. Cuando llegó a la puerta de salida la abrió con rapidez y salió al exterior. No había nadie, la calle estaba desierta. Todo el mundo estaba bebiendo en los bares de la zona menos él. Se sentó al lado de la puerta, bajo un cartel que ponía “BLACK BELT” en letras brillantes sobre un fondo negro. Se tapó los ojos con las manos y empezó a llorar en silencio.
Esa chica, esa chica de la que no sabía el nombre, la había visto desde el primer día. Era atractiva sin duda, aunque nunca había tenido valor para decirle nada. Esa chica de la que no conocía más que el rostro no la volvería a ver. Esa chica de la que estaba perdidamente enamorado era la razón de su llanto.

hola holaa :D
ResponderEliminarsoc la caroooool
magrada l'ambinet de la novela..es mol teu. no em costaria gens veure't reflectit en algun personatge. no pateixis que seguire passantme!
no m'imaginava que tinguesis aquesta vena artistica literaria. mas sorpres la veritat. una molt bona sorpresa!
anims qeu ho fas mol be! ja magradaria saberne ;___;
ets un crack senyor oscar de la fuente. m'ha flipat molt lo be que escrius i lo guay que arribes a ser. aquesta faceta teva no la coneixia...nomes coneixia la venaaa...¬¬ xD.
ResponderEliminarETS GUAYYYYY!:) qui ho diria.
un peto molt molt gran!! :D mensenyaras a fer puas?
DE LA FUENTEEE!! Ets un crack tio! M'ha encantat la historia aquesta, ja tinc ganes de llegir el segon capítol - espero que ja comencin a sortir els cuervos eh!, que si no no té sentit el títol jaja-. Pos re, que ara que no entreno, tindré temps de llegir les teves històries...
ResponderEliminarApa, fins demà i...
escriu molt!
Pau
de los dos me quedo con este capítulo: tampoco me gusta dejar de ir a un lugar sólo porque la gente lo abandone... =(
ResponderEliminarun beso!!
PD: sé q eres un orgulloso catalán, pero: canvio? duelen los ojos: caMBio - con b y antes de p y b siempre va m y no n! (no te lo tomes a mal, es q no todo lo que te diga puede ser bueno... ;)